Diamantes de Sierra Leone
El sudor sabe amargo, pero te acostumbras. La misma rutina todos los días pero, ¿qué otra cosa me queda? Un movimiento en falso y se acaba. Todos buscan un destello, el reflejo de la belleza. El motor de “nuestra” búsqueda. Siento el latigazo en mi espalda, sin embargo ya está adormecida. Después de tantos años hasta tu mente se adormece. Es un cementerio que se mueve. Cada vez que tallamos la piedra, hay un sentimiento de suspenso ¿acaso será? Escucho a alguien intentar correr. El alboroto. Los gritos. En secreto todos queremos hacerlo, pero la bala perforando su cráneo nos quita las ganas. Calor infernal. Boca seca. Le pediría a Dios que me sacara de este infierno. Sin embargo, la fe es algo que ya perdí desde hace mucho tiempo.
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