martes, 23 de febrero de 2016

CUENTO, Monse Uribe

No sé si sea cierto, pero aquel día del que todos hablan sucedió algo que not todos saben...
Ella estaba en su cuarto, era temprano, y estaba escribiendo como cada sábado, ya era una costumbre. Era un gran día para escribir; no había nadie en casa para molestarla ni tenía algo que hacer más tarde.
Mientras el caos que todos conocemos estaba ocurriendo ese día en la ciudad, él decidió visitarla ya que nadie lo notaría. Tenia años sin verla, temía asustarla, ¿qué pensaría ella de él? Él había huido un día sin decir nada. Todo lo había hecho por su bien pero la había lastimado mucho.
Llegó a su casa sin que nadie lo viera, observó por la ventana sin que ella lo notara todos los libros mal acomodados, aquella alfombra vieja y el sillón siempre manchado de café. Recordó aquellas noches frías con la chimenea y las risas. La vio concentrada, como siempre, en el lugar que de costumbre se sienta con su libreta y una cobija sobre las piernas. Los lentes que tanto amaba. De repente, no se atrevió a tocar el timbre. Sabía que la volvería a lastimar, y regresó por donde vino, sin dejar ni una nota. Se le rompió el corazón.
Para ella, fue un gran sábado... Escribió, como siempre, sobre cómo imaginaba su regreso, de él. 

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