Estoy rodeada de árboles, no se en que momento
me adentré en el bosque. Me apoyo en uno de ellos y me deslizo hasta quedar
sentada entre sus raíces. Entierro la cabeza entre mis piernas, y dejo escapar
un débil sollozo. No lloré en frente de mi madre y mis hermanas cando mi padre
murió y tampoco lloré enfrente de Harry cuando me rompió el corazón. No podía
mostrar debilidad enfrente de ellos, tenía que ser fuerte. Pero ahora en medio
de la nada ya no había necesidad de serlo, así que dejo que las lágrimas se
deslicen por mis mejillas, no me molesto en secarlas. Empieza a llover sin
previo aviso, y al poco tiempo no sé si son las lágrimas o las gotas de lluvia
las que hacen que mi cara este tan mojada. Lloro porque me siento la persona
más repugnante por haberle mentido a toda mi familia y por haber engañado así a
mi prometido. Lloro porque sé que me merezco mi corazón roto. Lloro por una
cantidad indefinida de tiempo.
Un
escalofrío me recorre por el cuerpo y me devuelve a la realidad. Esa realidad
es que ahora, todos deben de estar preguntándose dónde estoy…o tal vez no. Pero
aún así tengo que regresar, además, la lluvia me cala hasta los huesos. Me
levanto con dificultad y miro a mi alrededor. Estaba tan ocupada lamentándome
que ignoré o quizá ni me había percatado de que no tengo idea de dónde estoy.
Trato de que el pánico no me invada, me obligo a mi misma pensar. ¿Qué es lo
que se debe hacer cuándo estas perdida? ¿Gritar?... ¿Correr en círculos?
Probablemente eso no sería muy buena idea, pero es lo que más me dan ganas de
hacer en este momento. “Vaya, hasta en situaciones malas piensas como toda una
señorita”, me digo a mi misma. Una carcajada nerviosa se me escapa.
Me muerdo el labio hasta hacerme daño. Tengo ganas de llorar de la desesperación,
pero siento que estoy tan seca como…
ahora mismo ni siquiera puedo hacer una comparación.
De la nada, el frío que hace segundos sentía,
desaparece. El viento que rugía en mis oídos deja paso a un pesado silencio.
Ahora lo único que escucho es mi respiración, acompañada de la lluvia que ahora
baja de volumen. Antes de siquiera asustarme por el repentino cambio, siento un
agudo dolor de cabeza acompañado de un terrible mareo. Me agarro la cabeza con
ambas manos y caigo de rodillas entre las hojas secas. Se me nubla la vista y
el dolor aumenta. Después nada.
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